La humedad por capilaridad puede generar consecuencias graves tanto a nivel estructural como en la salud de los habitantes del inmueble.
Su presencia prolongada en una edificación provoca deterioro en los materiales de construcción, reduce la eficiencia energética del edificio y puede desencadenar problemas de salud en quienes lo habitan.
Deterioro estructural y daños en los materiales
El agua absorbida por los materiales de construcción como el ladrillo, la piedra o el hormigón puede degradar su resistencia con el tiempo. La acumulación de sales minerales en las paredes, resultado del ascenso del agua, genera una cristalización que produce grietas y desprendimientos en la superficie.
En edificios antiguos, donde los cimientos no cuentan con barreras antihumedad, este fenómeno puede comprometer la estabilidad de los muros y la seguridad del inmueble.
Por ejemplo, en muchos cascos históricos de ciudades como Bilbao, se han documentado casos en los que la humedad capilar ha causado el colapso parcial de paredes interiores debido a la pérdida de cohesión del mortero que las une.
Aumento del riesgo de daños en instalaciones eléctricas
La presencia de humedad en las paredes puede afectar las canalizaciones eléctricas, favoreciendo la corrosión de los conductores y aumentando el riesgo de cortocircuitos o fallos en el suministro eléctrico.
Un caso frecuente es el deterioro de enchufes y tomas de corriente en sótanos o plantas bajas de viviendas antiguas. La acumulación de humedad en las cajas eléctricas puede producir chispazos o fallos de aislamiento, obligando a realizar una sustitución completa de la instalación eléctrica.
Pérdida de eficiencia energética y aumento del consumo de calefacción
Las paredes afectadas por la humedad pierden capacidad de aislamiento térmico, lo que se traduce en una mayor demanda de calefacción durante el invierno y un incremento del gasto energético.
La sensación térmica dentro del inmueble es más fría debido a la evaporación del agua en las superficies, generando incomodidad y obligando a un uso excesivo de sistemas de calefacción.
Estudios han demostrado que un muro saturado con un 5% de humedad puede perder hasta un 50% de su capacidad aislante, lo que repercute en facturas energéticas más elevadas. En climas húmedos como el del País Vasco, esto se traduce en un incremento significativo del gasto en calefacción en los meses de otoño e invierno.
Problemas de salud derivados de la humedad
Las condiciones de humedad favorecen la proliferación de mohos y hongos, que pueden liberar esporas al aire y afectar la salud de los habitantes.
Entre los problemas más comunes asociados a la exposición prolongada a ambientes húmedos se encuentran las alergias y problemas respiratorios como asma o bronquitis, agravamiento de enfermedades reumáticas e irritaciones en la piel y problemas dermatológicos.
En viviendas con niños y ancianos, el riesgo es aún mayor debido a su sistema inmunológico más vulnerable.
Dada la gravedad de estas consecuencias, es fundamental actuar a tiempo para eliminar la humedad por capilaridad y evitar mayores complicaciones en la estructura y en la salud de los ocupantes del inmueble.